Tenpel son el Sol
lavrenti (nota: el artículo es de pain aunque lavrenti lo haya firmado para apropiárselo)

A nadie le es ajeno que estos muchachos se han erigido en una referencia inevitable de nuestro panorama independiente y que como toda banda de culto tiene un núcleo de seguidores que se desviven por su música. Pero en esta ocasión la sala El Sol no estaba poblada sólo por parroquianos que iban a cantar sus ya conocidos himnos fraternales (esto no va en absoluto con carácter despectivo, ganesh nos libre). Tenpel presentaba disco y lo hacía con todas sus consecuencias: temas nuevos y no tocados en vivo hasta la fecha. Cabe resaltar que no es demasiado común que una banda del circuito se encierre con el afán de crear un álbum completo desde cero, sin reciclar cortes de previos EP’s o canciones presentadas sobre el escenario.
De ahí el probable tufillo a velada clave que flotaba en el aire durante las jornadas previas. Con apenas un par de semanas de vida, el disco, colgado online en un impecable paquete, estaba empezando a entusiasmar a muchos. Pero quizá provocó un raro primer contacto a algunos, motivado probablemente por el leve vuelco estilístico que conseguía compactar la tesitura de los temas en detrimento de alguno de los pasajes más experimentales. En cualquier caso había murmullo llamado Pegaso por la calle, y eso suele ser buena señal.
Fue de esta manera que neófitos, encandilados y escépticos se mezclaron para generar una masa que llenó a reventar el recinto. No es fácil papeleta; enfocar todo el set en las novedades es un marrón para cualquier banda y Tenpel superó el examen saliéndose de la escala.


Todo este círculo vicioso elevó los temas que ya de por sí suponen una gran materia prima, letras inclusive. La nube de empatía comunal también se alimentó de cosas como la irrupción de Koke (miembro de la formación original) para interpretar Carta Perdida o el patinazo al micrófono durante Monótona Languidez, que lejos de estropear el momento da pie a escena mágica: el maestro de ceremonias se percata con aparente asombro de que la gente se sabe el texto de la canción y disfruta dejando que la canten. Sin duda uno de los temas cumbre de la noche y uno más de los que bordó Kantz, que cautivó durante en un set en el que todos rallaron a gran altura. Llegando a ser hasta nueve personas en un limitado escenario; un verdadero lujo.

Los que optaron por adquirir el disco físico in situ se llevaron una cuidadísima edición, con un generoso libreto y un DVD con extras (muzike inside) que se puede conseguir también a través de la web. Es gratificante ver como los grupos ya no optan por vías independientes como “último recurso” para ofrecer su música. Afortunadamente se está perdiendo cierta obsesión heredada de nuestros ancestros por llegar a firmar con sellos potentes. Bandas como Tenpel no tienen la difusión merecida ni siquiera en lo principales medios de prensa especializada, pero esto está dejando de ser un problema. La fatigosa lucha contra el establishment musical se está viendo eclipsada por la generación de un entorno nuevo, donde a los grupos no les quita el sueño ser ignorados por el sistema y donde su público, creciente y apasionado, ahora mide la importancia de las cosas con la regla del revés.

En definitiva, una velada especial para todos con un poso que está lejos de diluirse en el tiempo. Algunos incluso nos transformamos en lobos y ansiamos por un instante esa sangre azul patrimonio de Tenpel, nuestros compadres del rock.
Antes de acabar, en exclusiva para MuzikeTV, vía xMetarux, Carta perdida...
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